“Será mejor que contestes ya o pensara que tienes un ligero retraso mental” una voz me advirtió, muy sabiamente en mi cabeza.
-André-contesté con voz indiferente para devolverle la pregunta-¿Y tú eres…?
El sudor de mis manos parecía estar remitiendo y los nervios estaban algo más calmados.
-¿Acaso estas sordo?-su respuesta me dejó algo desconcertado ¿Sordo?-Acaban de decir mi nombre hace cinco minutos…-ah claro era eso. Tenía razón, conocía su nombre pero ¿qué esperaba que hiciera? Lo mínimo era responder la pregunta…o por lo menos era lo típico, y yo, en cuanto a relaciones sociales, era lo más típico del mundo.
-Puede que lo esté para las cosas que no me interesan-no pretendía ser borde con ella, es más, me sentía afortunado por mi suerte nada más llegar, el destino había decidido que me sentara con aquella misteriosa muchacha y que pudiera hablar con ella, pero si se ponía a las malas se iba a topar con la horma de su zapato-Sanpietro si no recuerdo mal ¿verdad?-me miró con algo que se me asemejó a desprecio. No creía que fuera pecado no conocer su nombre diez minutos después de haberla conocido.
-Si, Sanpietro. Pandora Sanpietro.-hizo una pausa y me analizó de una manera demasiado analítica, como si estuviera intentando sacar los más oscuros secretos de mi persona solo con la mirada.
-¿Nunca te han dicho que mirar así es de mala educación?-no pude evitar decir algo para que cesara su examen sobre mí. No me gustaba que la gente hiciera cosas así y ella no iba a ser una excepción.
-¿Educación?-rió con sorna como si aquello que yo había dicho fuera lo más absurdo y estúpido que sus oídos hubiera escuchado-mis parámetros no me los marca lo políticamente correcto ni lo que entra dentro de la buena educación.-sonrió de medio lado casi con algo de malicia, sintiéndose segura, como si estuviera aplastando a un insecto. A mí.
Sus palabras fueron como un jarro de agua fría. Aquella era más dura de lo que yo me pensaba, y debajo de su aspecto de diosa se escondía una víbora, o eso me estaba pareciendo.
-¿Entonces por qué te riges tú? Bueno, es bastante obvio. Las niñas de papá siempre os regís por el “hago lo que me da la gana”-pareció molestarse, aunque lejos de encontrar furia en sus ojos encontré diversión.
-Vaya, ¿te atreves a juzgarme y a acusarme de algo tan duro sin conocerme?-podía tener razón, y quizá me hubiera precipitado, pero estaba seguro de que no me equivocaba al encasillarla en el grupo de niñas mimadas e imbéciles, las cuales tienen como mayor aspiración comprarse el último bolso de Prada.
-Me estas obligando a ello. Precisamente tu presentación ha sido de todo menos cálida y simpática-quise rebajar un poco las revoluciones, era posible que me estuviera sintiendo atacado por el simple hecho de que era nuevo e intentaba hacerme valer.
-Las personas como tú no merecen mi simpatía. Y encima eres nuevo, porque no recuerdo haberte visto nunca y yo conozco a todo el mundo que se mueve por aquí…-la miré atónito, sin creerme lo que estaba diciendo. Vale quizás yo me hubiera excedido pero aquello era pasarse.
-¿Las personas como yo? ¿Y como soy yo? No me conoces a si que no me juzgues ¿vale?-empezábamos bien…
Sonrió triunfal, como si yo mismo hubiera firmado mi sentencia de muerte. Aquella chica sería hermosa pero era desconcertante y demasiado altiva para mi gusto. Algo me dijo dentro de mi que el buen rollo entre ambos iba a brillar por su ausencia.
-Te acabo de pagar con tu misma moneda, chico nuevo. Tu me llamas niña de papa y yo te pongo en una categoría de personas, no definida, pero que seguro que intuyes que no es a la que más aprecio tengo.-quería pelea, y su vanidad la obstaculizaba el cometido de ser agradable. De acuerdo, no hay peor desprecio que no hacer aprecio como habría dicho mi padre.
-Me da igual la categoría en la que me pongas. Si te aburres búscate otra cosa con la que divertirte, no pienso entrar en tu juego-la miré por última vez y desvié mi atención al profesor, que repartía en ese momento unas hojas para cada uno. Pero sentía que ella no dejaba de penetrarme con la mirada. Resoplé cansado pero no volví a mirarla hasta que ella no me dirigió la palabra unos segundos después.
-¿Jugar yo?-sonrió con aquella prepotencia suya que tan poco me estaba gustando-En fin, conversar contigo no me lleva a ningún sitio.-hizo un mohín de desagrado mientras me miraba una vez de arriba abajo. Puse los ojos en blanco, conteniendo la risa por aquella situación tan surrealista-Pero ya veremos si es verdad que te da igual la categoría en la que te ponga.
-Mira, no se quien te crees que eres pero déjame en paz de acuerdo. No me hables ni me mires, tan solo con pensar que tengo que seguir soportando esto el resto de curso en la mitad de las clases me da ganas de vomitar-lo solté, visiblemente molesto, cosa que no era para nada usual en mí, hacía falta mucho para que yo llegara a los rasgos más extremistas de mi carácter como eran la bordería y el enfado.
-El niño se cabrea-sonrió con ganas mientras su amiga situada delante de nosotros se daba la vuelta y la sonreía de manera cómplice sintiéndose orgullosa del comportamiento de su amiguita. Me reí mientras hacía un gesto de negación con la cabeza, aquello daba risa. Pobres niñas de papá.
Allí acabó nuestra primera toma de contacto, no quería que saltaran más chispas aquel día, pero sabía con seguridad que el curso era muy largo y aquella chica me iba a dar más problemas de los que yo pretendía tener.
Aún así un sentimiento de decepción me invadió en cuanto recibí en mis manos el horario del curso. Realmente había tenido la esperanza de que si el destino nos había unido allí sería por una razón mejor que la de joderme a mí el principio de curso. Tenía la estúpida esperanza de que fuera tan bella por dentro como lo era por fuera, pero estaba claro que aquella suerte era algo imposible. Nadie era perfecto y, Pandora, no iba a ser una excepción a la extendida regla. Sabía que era odiosa, prepotente y estúpida pero aún así algo en mi interior quería llevarse bien con ella, intentar agradarla, parecerla simpático...Pero no, ni siquiera yo era tan idiota como para rebajarme a esos términos y menor por alguien como aquella chica.
La sirena de la primera hora me sonó como la melodía más preciosa que hubiera escuchado. A la siguiente hora me tocaba literatura y a la tercera filosofía. Ambas se me hicieron eternas, aunque los profesores no me desagradaron en demasía. Parecían normales, nada extraordinario. Lo más interesante fue sin duda el poder examinar a la gente entre clase y clase. Desde luego había de todo por allí. Había algún que otro heavy, creo jurar que vi un par de góticos, dos chicas con aspecto de emo, skaters entre otros, pero sobre todo mucho niño pijo rico, o eso querían aparentar.
Era la hora del descanso de media hora, el momento más temido para los nuevos, aquel momento en el que si estabas solo todo el mundo lo sabría y te miraría murmurando algo como "Ese es nuevo ¿no?" Para cualquier otra persona eso habría supuesto un problema, un bajón de ánimos, pero no para mí. No tenía porque salir a la calle si quiera e incluso podía coger mi bicicleta y dar una vuelta lo bastante larga como para volver a la hora justo del retome de las clases. Decidí dejar la excursión por el centro para otra ocasión y explorar un poco aquel lugar. Estaba cuidado, las paredes de los pasillos permanecían aún del color cobre en el que su día las había pintado, los radiadores seguían igual de blancos e impolutos que el día en que vinieron a colocarlos. Desde luego las multas por dañar el mobiliario comunitario debían de ser muy altas si no no se explicaba tal hecho. Andando y andando, con la mochila acuestas llegué hasta un par de puertas verdes abiertas de par en par, eché una ojeada al gran salón. Según ponía en el letrero superior aquel era el salón de actos. Lo que había situado en el escenario consiguió sacarme la primera sonrisa de la mañana. Dos guitarras, un bajo, una batería y un teclado. Miré sorprendido a los lados, viendo si alguien me hacía compañía. Negativo. Me adentré, caminando a prisa hasta donde vi la preciosa Fender Stratocaster en rojo eléctrico.
¿Quien se dedicaba a tocar aquella clase de instrumentos en un instituto como aquel? No pegaban mucho, y menos aún encima de aquel escenario. Los conciertos de rock en los institutos no eran de lo más común. Dejé mi mochila en el suelo y comprobé de nuevo que no había nadie más. Agarré el mástil de aquella maravilla y la saqué del soporte, la colgué de mis hombros hasta que ella se acomodó a mi cuerpo y quedó en la postura idónea. Hacía tanto tiempo que no tocaba que tenerla entre mis manos me hacía sentir como si tuviera catorce años de nuevo. Podía oir a mi profesor pidiéndome que repasara la escala pentatónica y que me pusiera en el centro para que me vieran mis compañeros. Aún sabiendo que la verguenza me propasaba el insistía en ponerme siempre de ejemplo para los demás. Comencé a mover mis dedos por el mástil recordando aquel ejercicio, lo hice una vez y otra, lo mezclé con algunos acordes de alguna canción que ya había caído en el olvido...
-¿Suena bien mi guitarra verdad?-me sobresalté y corté bruscamente los acordes para mirar en dirección a la voz que me hablaba desde la puerta. Joder, ya la estaba cagando el primer día.
-Tío lo siento, no era mi intención-me disculpé mientras colocaba
-¿Tocabas Billy Talent?-volvió a hablar el mismo que lo había hecho al principio, que me seguía observando con los brazos cruzados y con una sonrisa que no terminada de entender. Se suponía que tenía que estar cabreado conmigo echándome de allí de una patada en el culo, no preguntándome cuales eran mis preferencias a la hora de tocar la guitarra. Todo aquel día era desconcertante.
-Si, era Billy Talent. Los primeros acordes de Try Honesty, siempre fue mi favorita-no sabía que hacía dándole explicaciones, pero ya daba igual.
-Buena elección, aunque te equivocas en uno.
-Pues seguramente tengas razón. En fin, da igual me voy. Siento haberos molestado.-cogí mi mochila y me la colgué del hombro, era hora de salir de allí.
Pasé por su lado de camino a la puerta pero su mano en mi hombro me hizo parar.
-Eres bueno ¿sabes? Te hemos estado escuchando desde que has empezado a tocar-miró a sus dos compañeros y ellos asintieron, como dando su aprobación a algo que a mi se me escapaba.-Mira, no te conozco ni recuerdo haberte visto pero puede que necesitemos un nuevo guitarrista si no arreglamos ciertos problemas entre hoy y mañana.-hizo una pausa y sonrió mientras me golpeaba la espalda-¿Te interesaría?
-Espera, ¿no conoces ni mi nombre y me ofreces una plaza ahí arriba?-les miré estupefacto por su invitación. Parecían buenos tíos y tenían pinta de ser normales, sin pretensiones de aparentar lo que no eran.-Creo que acepto-sonrieron todos y parecieron respirar tranquilos como si mi respuesta fuera de una importancia vital.-¿Os ha fallado?-pregunté refiriéndome a quien ocupaba en un principio la otra guitarra colocada en el escenario.
-Podría decirse que sí, desde que esta con su chica parece que el resto de mundo no existe y eso no nos gusta. A si que esta fuera, tu nos has gustado y, bueno, ¿Por qué no darte una oportunidad? Por cierto soy Javi-me tendió la mano y yo hice lo propio.
-Yo soy André, acabo de llegar hoy aquí.
-Ya decía yo que no me sonabas tío. Ellos son Carlos y Enrique.-señalo a cada uno al decir su nombre y ambos me dieron la mano. La puerta se abrió y apareció a nuestro lado la persona a la que menos ganas tenía de encontrarme allí. Me miró sin darle importancia al hecho de mi presencia, su mirada se centro en mis otros tres acompañantes.
-¿No está Sebas?-preguntó con el mismo tono que había empleado conmigo en clase. Como si hablara a alguien inferior a ella en todos los sentidos. Javi tomo la palabra.
-No, aquí no está. ¿Vienes solo por joder o porque en verdad se te ha escapado tu perrito?-miré la escena palpando la tensión con todos mis sentidos. Aquello lo explicaba todo, su guitarrista les había dejado tirados por la pelirroja. Era peor que una bomba de destrucción masiva.
-No es mi problema que el reordenara sus prioridades. Si os dejó tirados fue porque supo identificar que era mierda y que era oro.-los ánimos se estaban caldeando demasiado y me daba la sensación de que alguien se iba a tirar a su cuello.
-Haya paz muchachos, a las zorras se las va la fuerza por la boca ¿verdad, Sanpietro?-una nueva muchacha entró en la acalorada escena. Era castaña, tenía el pelo a media melena y unos ojos castaños grandes y expresivos. Era más bajita que la causante de aquel malestar pero se notaba que eso no rebajaba la confianza en si misma.
-Marina, que grata sorpresa-remarcó perfectamente el sarcásmo por si acaso nos quedaba alguna duda.-me voy, no vaya a ser que se me pegue algo.-se dió la vuelta y desapareció con sus andares perfectamente estudiados.
-Parece que no es solo así conmigo.
-Espera ¿la conoces?-preguntó Carlos, que hasta ahora no había intervenido en la conversación.
-Si, nos sentaron juntos en clase.-mis acompañantes estallaron en risas para después apiadarse de mí.
-Lo siento tio de verdad. No sabes lo que te espera, esa tia es lo más estúpido que te puedas encontrar. Pero, ironías de la vida, es, como dirían en cualquier película americana, la abeja reina. Controla todo, no hay tio en este lugar que no se haya fijado en ella. Y las tias se pegan a ella para que por lo menos las reconozcan como sus amigas.-las palabras de Javi, no me desalentaron tanto como yo esperaba que lo hicieran.
-Es penoso.-remarcó Marina avergonzada mientras gesticulaba enérgica con los brazos.-Cualquier tio que se fije en ella merece la hoguera.-nos miró con una mirada asesina que realmente daba miedo.
¿La hoguera? Entonces yo ya conocía mi destino...





S.S. cariño, he leído todo por encima y me encanta, aunque he de decirte que tienes alguna pequeña falta de ortografía.
ResponderEliminarNo tienen importancia, ya te las explico en el próximo cumpleaños, pero la correción hará que se entienda mejor y, también, que aumente tu calidad como escritora.
Un besote